Serie: Ángel exterminador. nº1. Mi cuerpo. Mujer


Mi cuerpo

Millones de partículas volátiles juegan alrededor de sus órganos, ellas recorren todo su cuerpo restaurando cada pieza de su maquinaria. Esas pequeñas hormigas que trabajan sin descanso para hacer llegar la correspondencia del alma al cerebro. 
Desde que abrió sus pulmones y entró el oxígeno, ellas se introdujeron en su interior para acompañarla en todos los momentos de su existencia. Son las que le indican si el día está nublado o si por el contrario sale el sol.
Al principio todo era confusión, no llegaba a entender el porqué de cada día, el porqué de ese cosquilleo en el estómago, el porqué de su mal humor o el porqué de su alegría…
El transcurrir de los días hizo que las conociera, que poco a poco entendiera su comportamiento, entendiera cómo son capaces de transformarse en mariposas cuando se fusionan con las de él, entendiera por qué se encuentran agotadas o cargadas de energía cuando menos se lo espera. Ellas son capaces de hacer que un día soleado se transforme en nubes grises y produzcan que la lluvia brote de su interior, o, con más suerte, convertir un día nublado en un nuevo amanecer.
Están en cada centímetro de su piel, escritas en un código indescifrable para otr@s, incluso en ocasiones para ella.  
Se convierte así en una obrera destinada a cuidar de ellas, una operaria que tiene que engrasar cada rincón de su interior para que ellas encuentren un espacio cómodo en el que hacer su trabajo. Desde que abrió sus pulmones y entró oxígeno en su interior fue la encargada de cuidarlas.  
Los primeros años de su existencia, otr@s, sus creador@s, fueron l@s  obrer@s encargad@s de programar su maquinaria, calibraron su cerebro para que encontrara el camino hacia su independencia emocional, o engrasaran cada pieza de su interior para que no fallara ninguna. Ell@s fueron l@s que le dieron este cuerpo y las pautas para crear un pensamiento crítico, independiente y libre.
Cuando ya vieron que la maquinaria estaba a punto, la dejaron volar libre, pero siempre cuidando que cada vez que ella no pudiera avanzar estarían allí para dar cuerda y volver a engrasar sus piezas. Y ella voló, libre, dueña de su piel, de su interior y acompañada de aquellas pequeñas hormiguitas a las cuales aprendió a escuchar y comprender.
Ella es la obrera que cuida de su maquinaria, ella es la única responsable del funcionamiento de cada pieza y aunque a veces sus decisiones sean erróneas, ella es la única que puede y debe decidir sobre su vida.  Porque ella es la única que va a ser su encargada hasta que el último aliento salga de su boca.