El viejo trastero

           Corre el año 2062. La vida en la ciudad es tediosa, Lua cansada del gran monstruo de asfalto y hormigón se traslada al pequeño pueblo de sus antepasados, un pueblo fantasma aislado de toda comunicación.
          Se instaló en casa de la abuela Güina y allí encontró su pequeño tesoro, un tesoro sin valor para el mundo pero el cual para Lua, a partir de su encuentro se convertiría en todo su mundo. Todo comenzó a ser más fácil cuando el apareció. La cordura por fin empezó a instalarse en su vida y esa utopía de la que siempre había oído hablar por fin había llegado.

           Todo comenzó un frío día de invierno, allá por el mes de enero de 2063, hace un año que me instalé en esta vieja casa. El  sonido del viento que golpeaba los cristales no incitaba a salir del calor de la casa. Ya había echado otro "tarugo" más a la chimenea y me disponía a beberme un vaso de chocolate caliente cuando oí un pequeño estornudo que provenía del fondo de la habitación. Lucas estaba durmiendo acurrucado en su mantita al lado del fuego así que él no podía haber sido. Sin pensármelo dos veces me levanté y  acerqué a la vieja estantería repleta de libros y recuerdos de mi abuela. Moví algunas cajas de hojalata en las cuales se guardaban las vivencias más pequeñas que podemos acumular a lo largo de nuestras vidas, y eran muchas las que mi abuela había guardado en aquellas cajas, que aún no me había dado tiempo a investigar. – ¡Creo que estoy alucinando!, ¡habrá sido el viento!- pensé mientras cogía uno de los libros de la estantería.- el principito. ¡voy a comenzar con este, tiene muy buena pinta! .- y volví de nuevo al sofá donde me esperaba mi chocolate calentito.
        Me hubía sumergido tanto en el libro que no me di cuenta  que había anochecido y quede dormida. 
... cuando desperté no me dí cuenta que me había dormido con el libro sobre el pecho y éste calló al suelo dejandose ver un trozo de papel amarillento y carcomido por los hongos en el cual aparecía una anotación manuscrita: 

            "Sueño con un abrir de ojos, el hallazgo de ese valor que hace falta para vivir tu vida, vivir para los demás se hace cansado y triste, pues cuando me di cuenta que tenía que vivir también para mi... ya estaba muerta. Deseo poder manchar de tinta innumerables papeles de arroz, que corra a galope deslizándose por el papel y termine encontrando su descanso en la más bella imagen que haya podido esculpir. "

 Lucas ya estaba ronroneando para que le echara la comida. Me acerqué a la cocina a coger la cápsula de comida para él cuando de repente otra vez lo escuché, esta vez venía del viejo trastero. Las piernas me temblaban tanto que parecían que iban a ponerse a bailar, cogí aire, respiré bien a fondo y me adentré en el viejo trastero. Al fondo una luz ténue iluminaba algo que parecía un viejo baúl…